El arte de sentir, el arte de soltar.


 Para poder liberarse de las cadenas, hay que poder sentir lo que pesan.

 ¿Cuántas veces has sentido malestar y no has sabido manejarlo?; ¿cuántas, nerviosismo y ni siquiera saber de dónde viene?

 

Y es que muy frecuentemente vivimos desconectados de nuestras propias emociones y sensaciones corporales. A veces porque vivimos tan en piloto automático, que ni siquiera somos conscientes del momento presente; en otras ocasiones, porque evitamos el sufrimiento.

Pero precisamente esa evitación es lo que nos ancla a él, pues nos resistimos a sentirlo y eso hace que perdure más. Recuerda:  "Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, se transforma"  (C.Jung) Y es que dolor no es lo mismo que sufrimiento. El dolor, es inevitable; el sufrimiento, una elección. 

Sufrir es la consecuencia de apegarse al dolor de esa situación concreta y a unos resultados deseados que no encontramos. En definitiva, podemos liberarnos del sufrimiento; aunque no sea fácil. ¿La llave que abre esa puerta? La aceptación.

Pero aceptar no es lo mismo que resignarse. La resignación trae consigo resentimiento y el resentimiento, sufrimiento y es, además, una fuga de energía vital. Por el contrario, aceptar es abrazar completamente la experiencia desde el amor, con el corazón abierto y la mente en Paz. Supone aceptar las cosas tal y como son, sin oponer resistencia mental a lo que está siendo. No significa no actuar o entrar en indefensión, sino que, desde ese estado de dejar fluir, poder actuar tomando decisiones desde otro lugar. 

Desde luego que a veces nos puede resultar muy complicado y requerir de tiempo, pues todo es un proceso y el de la aceptación no lo es menos. Sin embargo, hay pequeños pasos y acciones sencillas que pueden acercarnos a conseguir cada vez una mayor aceptación.


Atención plena al momento presente

Mantener la atención completa y plena en el momento presente contribuye en grandes proporciones al bienestar mental y emocional. Muchos de los problemas que tenemos se deben a estar anclados a pasado, reviviendo situaciones que nos generaron malestar, o porque estamos proyectando unos resultados futuros que aún no han acontecido. En definitiva, renunciamos al momento presente, que es realmente en el tiempo en el que la vida acontece.
En este sentido, si observamos a los niños pequeños, nos daremos cuenta de que son grandes maestros de vivir en el presente. Miran todo con ojos nuevos, con apertura a la vida, con gran curiosidad e inmersos en la experiencia con todos sus sentidos y atención. Viven cada instante como único y especial.

Para entrenarnos en esta capacidad, elige una actividad rutinaria, como puede ser fregar los platos, conducir, ducharte o lavarte los dientes, en la que puedas poner atención plena a todas las sensaciones corporales: la posición de tu cuerpo, tus movimientos, el tacto, la temperatura, los olores, sonidos...y estar absolutamente inmerso en la experiencia sensorial. Con la práctica, notarás los resultados y tendrás una manera más sencilla de volver al presente.



Respiración consciente

Otra gran herramienta para anclarse al presente es la respiración. Además de ser un proceso fisiológico en el que oxigenamos las células de nuestro cuerpo y conseguimos sintetizar mayores cantidades de ATP, la energía de las células; está además intrínsecamente vinculado al Sistema Nervioso Autónomo, haciendo que nuestro cerebro se calme en momentos de estrés o de dolor.

La respiración consciente, es además, una herramienta para mejorar procesos cerebrales que tienen que ver con la corteza prefrontal del cerebro, aquella encargada de funciones ejecutivas y toma de decisiones. La respiración consciente es aquella en la que ponemos atención plena a los movimientos de entrada y salida del aire en el cuerpo, así como también de ese espacio intermedio que hay entre la inspiración y la espiración; entre la espiración y la inspiración.

Para llevarlo a cabo, siguiendo las recomendaciones de Andrés Martín Asuero creador del programa de mindfulness y reducción de estrés MBSR, puedes seguir una sencilla rutina de pasos.
- Lo primero que tienes que hacer es sentarte con la espalda recta, en una posición que combine estabilidad, dignidad y comodidad.
- Cierra tus ojos o bien fija tu vista a un punto concreto.
- Haz tres respiraciones profundas en las que sientas cómo el aire entra y sale de tu cuerpo.
- Toma consciencia de tu cuerpo, si tienes tensiones innecesarias en la espalda, cuello, hombros...si hay algo que te molesta, el reloj, una goma...
- Una vez que estás presente, estás preparado para realizar al menos, durante 2-3 minutos, ciclos de 20 respiraciones conscientes.  Contando primero de 1 al 10, después de 10 a 1.

Se trata de observar, sin forzar la respiración, el flujo de aire que entra y sale, con sus pausas. Posiblemente tu mente se disperse y pierdas la cuenta; o quizás te descubras distrayendo tu atención de la respiración hacia otros pensamientos...No te juzgues, no te resistas. Empieza de nuevo. Poco a poco, con la práctica, aprenderás a estar más presente a ese momento. De tal modo que en momentos de angustia, ansiedad, o dolor, puedas volver rápidamente al presente a través de la respiración.

“Los sentimientos vienen y van, como las nubes en el cielo. 

La respiración consciente es mi ancla”.

-Thich Nhat Hanh-



Sentir y soltar

Por último, para poder aceptar el momento presente es necesario soltar las emociones que nos atrapan. Para ello, hay que experimentarlas al completo.
Muchas veces no nos permitimos sentir las emociones desagradables como son la tristeza, la ira o el miedo porque las juzgamos como negativas. Pero en realidad, cumplen una función y son necesarias para avanzar en la vida.
Si volvemos de nuevo a observar a los niños, viven y expresan sus emociones de forma muy intensa, lo cual a veces a los adultos nos resulta molesto. Es entonces cuando les pedimos que dejen de expresarlas: " deja de llorar", "no llores tanto..." " no te enfades..." "no es motivo de enfado...", "es una tontería...¿por qué te da miedo" y es así como aprendemos a no expresar lo que realmente sentimos.
El problema surge cuando de adultos no sabemos conectar con nuestro sentir e intentamos taparlo con comportamientos y conductas que eviten conectar con esos sentimientos y, por tanto, con el dolor. 
Enmascarar las emociones con adicciones a la comida, al alcohol, a las compras, los fármacos...a largo plazo, no hace más que acrecentar el malestar y no resuelve desde el origen.

La manera de poder liberarnos de las cadenas que nos atan es permitir que la emoción nos embargue, nos llene para después, dejarla marchar. ¿Cómo hacerlo? Autores como David R. Hawkins en su libro "dejar ir" o Robin Sharma "The hero manisfesto", explican una técnica muy sencilla y consiste, básicamente, en permitir que esa emoción te envuelva por completo, sintiéndola en el cuerpo, con todo su dolor, con todas sus sensaciones corporales (tensión, encogimiento, respiración, latido del corazón...) y dejarla que aumente en intensidad hasta que se vaya por sí sola.

"CLSA: Conciencia, Siente, Libera y Asciende"

Habrá un punto en el que quieras evitar sentirla, pues es muy desagradable. Es ahí donde hay que continuar, aceptando, sin juzgar; sintiendo, sin pensar, sin etiquetar...sólo estando en ese momento presente. Respirar y sentir; sentir y respirar. A veces serán segundos; otras, necesitarás minutos. Pero poco a poco la intensidad habrá bajado y habrá un punto en el que cese y ya no estará. Es ahí el momento de la liberación de esa emoción y, a escala, pequeña, el momento de la aceptación: Permitir que las cosas sean como son.


Habitando ese espacio ya no habrá vacíos que llenar, sino dimensiones que atender para, al fin, conectar con esa parte más íntima, que eres tú mismo.



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